¿Escuchar para Juzgar o para entender?

Comunicación no violenta

Por Claudia Londoño

septiembre 9, 2022

Para empezar este post quisiera partir del hecho de que todos vivimos en realidades construidas por las historias que nos contamos y las creencias que vamos fortaleciendo a través de los juicios que hacemos de todo lo que nos rodea.

Hay otro hecho, del que tal vez no somos consientes y es del poder que tiene el lenguaje en nuestras vidas, no solo usamos el lenguaje para comunicarnos, el lenguaje nos crea nuestra propia realidad y por supuesto la calidad de las relaciones que mantenemos con los demás y con nosotros mismos.

Tomando como punto de partida estas dos ideas, ahora si me gustaría empezar el tema del que quiero hablar y es como simplemente cambiando la manera en que solemos comunicarnos con otros, puede cambiar de manera tan significativa la calidad de las relaciones con las personas que más amamos y con otras personas que incluso se nos dificulta un más relacionarnos.

“Las palabras son ventanas o paredes, que nos sentencian o nos liberan, que nos unen o nos separan”

¿Con cuanta frecuencia hablamos con la intención de enriquecer la vida de otra persona?

No estamos habituados a comunicarnos (y esto incluye cuando nos hablamos a nosotros mismos) para escuchar nuestras necesidades más profundas y las de otros; en general estamos educados para diagnosticar y juzgar, solemos escuchar para juzgar, y no para entender. En la comunicación tradicional, mientras escuchamos al otro, estamos pensando en que vamos a responderle, y no realmente entender desde el marco de referencia de la otra persona, cuales son sus necesidades. Mucho se habla de empatía, pero realmente muy pocas personas entienden realmente en que consiste la empatía, pues no es una habilidad con la que nacemos, es una habilidad que entrenamos, y es sorprendente como nos abre los ojos del corazón cuando somos capaces de ver al otro como un legítimo otro y aceptarlo desde nuestras diferencias.

Quiero poner un ejemplo de lo que me refiero con la comunicación tradicional y con una comunicación basada en la empatía, partiendo de una misma situación:

Una pareja tiene una cita en un café a las 7 de la tarde, y la mujer llega 40 minutos tarde:

La manera en que el hombre hace el reclamo:

Comunicación tradicional: Eres una desconsiderada, llevo esperándote casi una hora se me quitaron las ganas de estar hoy contigo, siempre haces lo mismo, me voy para mi casa… (Podemos imaginar como puede terminar)

Comunicación basada en la empatía: Cuando llegas tarde a nuestras citas, siento que no tienes en consideración mi tiempo y me siento muy enfadado. ¿Estarías dispuesta a llegar a tiempo en una próxima ves?

En el primer caso, el hombre está convirtiendo un comportamiento puntual de su pareja en un “atributo de su ser” La está juzgando como desconsiderada y generalizando el comportamiento, de manera que convierte su enfado en un ataque hacia la otra persona, por lo que lo más probable es que allí se genere un conflicto, en donde no haya un desenlace productivo para ninguna de las partes.

Dicho esto, ¿como podemos tener discusiones productivas? Es inevitable tener desencuentros con los otros, pero la manera en la que enfrentamos el conflicto es lo que hace la diferencia entre si fortalecemos nuestra relación con el otro o si se deteriora.

Elementos presentes en una comunicación basada en la empatía:

  1. Observación: acciones concretas que observamos que afectan nuestro bienestar. 
  2. Emociones o sentimientos: Como nos sentimos en relación con ese hecho que hemos observado. 
  3. Necesidades: que necesitamos que pase para mejorar nuestra sensación de bienestar
  4. Acciones concretas que pedimos claramente para satisfacer las necesidades que hemos identificado

En una comunicación basada en la empatía, debemos involucrar los 4 componentes tanto al expresarnos, como al momento de escuchar al otro.

¿Por qué se nos hace tan difícil comunicarnos empáticamente?

La razón es porque no hemos sido educados para ello. Hemos sido formados en sociedades diseñadas jerárquicamente, controladas por pequeños grupos de personas que buscan su propio beneficio, y por ello tradicionalmente estamos educados con un lenguaje de defectuosidad y voy a explicar en que consiste este lenguaje de defectuosidad:

  1. Juicios moralistas: Estos juicios implican que hay algo mal en el otro cuando no actúa en consonancia con nuestros propios valores y creencias. Expresiones como: eres egoísta, mi compañero de trabajo es un flojo; tienen implícitos prejuicios. La culpa, los insultos, el ridiculizar a alguien, los diagnósticos, todos son formas de juicios. Pensamos y nos comunicamos en función de lo que está mal con aquellos que se comportan de ciertas maneras. Tenemos nuestra atención en clasificar, analizar y determinar los niveles de defectuosidad, en lugar de preguntarnos que están necesitando y no están obteniendo.
  2. Hacer comparaciones: Comparar es otra forma de juzgar
  3. Negación de responsabilidad: El no hacernos responsables de nuestros pensamientos y de nuestras acciones. Expresiones como “tengo que” muestra como la responsabilidad personal sobre nuestras acciones puede ser oscurecida por nuestro propio discurso. Negamos nuestra responsabilidad cuando atribuimos la responsabilidad de nuestras acciones a factores externos a nosotros, por ejemplo: “Limpié mi habitación porque me tocaba”, “le mentí a mi cliente porque mi jefe me obliga a hacerlo”, “no le digo la verdad a mi pareja porque se enfada”. Es muy peligroso no ser consiente de nuestra responsabilidad en nuestros comportamientos, pensamientos y sentimientos, porque nos convertimos en victimas eternas de la vida, de las circunstancias y no tomamos las riendas de nuestra vida.
  4. Comunicar nuestros deseos como exigencias: Una exigencia, conlleva una exigencia implícita o explicita de culpa o castigo para quien la escucha y no obedece.

La mayoría de las personas hemos sido educadas hablando un lenguaje que nos motiva a etiquetar, comparar, exigir, y expresar juicios en vez de escuchar que estamos necesitando y sintiendo.

Tal vez no somos consientes, pero los juicios que emitimos hablan más de nuestras carencias y necesidades, que de la otra persona que juzgamos. Cuando lanzamos expresiones del tipo: “Pepito es muy malgeniado”, estamos hablando más de nuestra necesidad de sentirnos acogidos por esa persona, que realmente de su carácter.

Hace unas líneas decía que mucho se habla de empatía, pero poco se conoce de ella, quiero profundizar como podemos entrenar esta habilidad tan necesaria pero tan escasa:

  1. Observar sin evaluar: Necesitamos observar claramente lo que vemos, escuchamos o tocamos que afecta nuestro bienestar, sin mezclar ninguna evaluación. Cuando combinamos la observación con evaluación disminuye la probabilidad de que otros puedan escuchar el mensaje que deseamos enviar, por el contrario estarán propensos a escuchar crítica y a resistir lo que digamos. Esto no quiere decir que tengamos que ser 100% objetivos, solamente separar las observaciones de las evaluaciones.Observar sin evaluar, es la manera más elevada de la inteligencia humana.

Pero ¿como podemos distinguir las evaluaciones de las observaciones?

  • Cuando usamos el verbo “Ser” sin tomar responsabilidad por la evaluación: Eres demasiado generosa – Esto es claramente un juicio
  • Usar verbos con connotaciones evaluativas: Pedro pierde el tiempo – Evaluación
  • Pensar que las inferencias que hacemos sobre las otras personas, son los únicos posibles: Andrea no va a entregar su trabajo a tiempo – Evaluación
  • Confundir predicciones con certezas: Vas a sufrir de diabetes si no empiezas a restringir el azúcar de tu dieta – Juicio
  • No especificar referentes: Los inmigrantes no cuidan de la ciudad – Juicio
  • Usar palabras que generalizan como nunca, siempre, todo, nada: Nunca tienes tiempo – Juicio
  • Identificar y expresar nuestros sentimientos: Rara vez estamos en contacto con nosotros mismos, para escuchar nuestras emociones y las necesidades que hay detrás de esas emociones.

Cuando decimos cosas del tipo: “siento que estoy hablando con una pared” se escucha más como una crítica que como una posibilidad de conectar con los sentimientos. Más aún estas afirmaciones actúan como profecías autocumplidas. Un esposo que escuche la crítica de que se comporta como una pared, se siente dolido, desanimado, se queda mudo y de esa forma confirma la imagen que tiene su esposa que actúa como una pared.

Pero para identificar y expresar los sentimientos, tenemos que saber que es y que no es un sentimiento:

Las emociones o sentimientos, son basicamente: El amor, el miedo, la confianza, la tristeza, la alegria, el asco, la rabia. Por lo tanto, los sentimientos o emociones son todos aquellos que tienen expresiones como: “Me siento Feliz”, “tengo miedo”, “Me da asco…”

Dicho esto, expresiones como las siguientes, no constituyen un sentimiento, estamos hablando más bien de pensamientos:

  • Me siento como un fracasado
  • Siento como si estuviera hablando con una pared 
  • Siento que debiste haber sabido…
  • Siento que pepito es irresponsable 
  • Siento que mi jefe me manupula… ETC

También es importante distinguir entre los sentimientos y entre las palabras que describen lo que creemos que somos, por ejemplo:

Decir: “Me siento deficiente como deportista” habla de mi evaluación respecto a mí habilidad con el deporte y no expresando un sentimiento.

Desarrollar un vocabulario de sentimientos que nos permita nombrar e identificar claramente nuestras emociones nos permite conectarnos más profundamente con nosotros mismos y con los demás, nos permitimos ser y mostrarnos vulnerables para expresar claramente nuestras necesidades y resolver conflictos de maneras más asertivas.

  • Reconocer la raíz de nuestros sentimientos: Partamos del hecho de que “No nos pertuban las cosas que pasan en si mismas, si no la visión que tenemos de ellas”. Entender que lo que otras personas dicen o hacen puede ser el estimulo pero nunca la causa de nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son el resultado de como elegimos recibir lo que otros dicen y hacen, así como de nuestras expectativas y necesidades de ese momento.

Cuanto más desarrollamos la capacidad de conectar con nuestras propias necesidades, más fácil es para los otros, responeder compasivamente ante ellas.

Por último, como elemento clave para comunicarnos empáticamente está el hacer peticiones claras, concretas y con un lenguaje positivo.

De cara a obtener mejores resultados, cuando hacemos peticiones a otros, hay algunos tips que podemos aplicar:

  • Expresar lo que si estamos pidiendo, y no lo que no estamos pidiendo, es decir, usar un lenguaje positivo a la hora de hacer peticiones, con el objetivo de no confundir a quien recibe la petición, pues nuestro cerebro en realidad no procesa del todo bien el NO
  • Expresar nuestras peticiones de forma de acciones concretas, de manera que los otros puedan realizar
  • Evitar frases de forma vaga, abstracta y ambigua

Aplicar los 4 elementos de la comunicación empática, puede tener un gran impacto en nuestras relaciones, por supuesto requiere de entrenarse, pero vale la pena intentarlo. Si quieres profundizar en este tema, recomiendo ampliamente el libro Comunicación no violenta de Marshall Rosemberg y si quieres que te acompañe en el entrenamiento de está habilidad, agenda aquí una sesión.

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