Nuestras creencias: Las historias que nos contamos

Creencias

Por Claudia Londoño

enero 27, 2023

¿Te has preguntado cómo puede cambiar tu realidad cuando cambias los relatos que te cuentas?

Identificar nuestras creencias y cuestionarlas, nos abre a realidades completamente desconocidas.

Todos tenemos creencias inconscientes que toman decisiones por nosotros aún cuando no lo sabemos, van dirigiendo nuestro actuar en la vida y no nos damos cuenta de ello.

Pero antes de seguir, ¿Qué son en realidad las creencias?

Son frases concretas con las que vivimos desde que somos niños, son nuestras reglas internas, guías que determinan lo que podemos y lo que no podemos hacer, que cosas valoramos, que nos permitimos arriesgar… En definitiva determinan como vemos el mundo. Las creencias nos hablan de dos cosas:

  1. De como es el mundo: En este tipo de creencias nos encontramos con frases del tipo: “todas las personas que se visten de xxx manera son … ” ó “todas las personas de xxx religión, son…”
  2. De lo que debemos ser o lo que debemos hacer: Estas creencias tienen formas como: “para que te vaya bien en la vida, debes tener una carrera profesional” ó “para que seas feliz tienes que casarte y tener hijos” ó “Solo tendrás éxito si eres emprendedor”.

Todas la personas del mundo tenemos creencias, pues tienen la función de darnos información. Ahora bien, “eso que debemos ser o hacer” es lo que marca la pauta de lo que buscamos en la vida, de lo que queremos conseguir, de lo que consideramos es el escenario ideal de la vida, y cuando eso no se consigue, llega la frustración.

Dicho lo anterior, las creencias nos dicen todo el tiempo eso que tenemos que ser o hacer para no frustrarnos o para ser más exitosos; es por eso, que a pesar de que las creencias en principio parecieran intangibles porque viven en nuestra mente, lo cierto es que tienen efectos totalmente palpables en nuestro mundo real; pues son los lentes que nos ponemos para mirar nuestro mundo y en la mayoría de los casos estas leyes no han sido ni siquiera creadas por nosotros mismos, si no que vienen infundadas de nuestro entorno, familia, amigos, colegio, etc y tienen consecuencias muy importantes en nuestra vida, principalmente cuando no las identificamos y cuando no las cuestionamos.

Por ejemplo, si yo tengo la creencia: “Las mujeres son naturalmente más emocionales que los hombres” entonces siempre voy a mirar a todas las mujeres desde esa creencia. El problema viene en que como por lo general no estamos conscientes de que tenemos esa creencia y pensamos que es una realidad única e incuestionable, esa creencia termina convirtiéndose en una realidad o más bien lo que se conoce como: “la profecía autocumplida”. Se comprueba porque al mínimo atisbo de emocionalidad de cualquier mujer, (para continuar con el ejemplo) yo confirmo de inmediato mi creencia; es como si esperara de manera inconsciente que se arme una escena para que mi cerebro compruebe que tenía razón.

Es decir, omitimos todo lo que no tiene que ver con esa creencia o que nos demostraría una creencia contraria, con el objetivo inconsciente de confirmar la teoría que tenemos; por eso, cuando el más mínimo hecho encaja en la creencia que tenemos, se confirma la teoría y viene un mensaje del tipo “ves, esta creencia es la realidad”.

Las creencias se pueden ver de muchas maneras, voy a poner algunos ejemplos de ellas, a lo mejor te identificas con alguna:

  • Nunca voy a triunfar en el trabajo
  • Las mujeres /hombres siempre me van a abandonar
  • No soy suficiente
  • Tengo que tener todas las respuestas siempre
  • Todos los hombres son iguales
  • Los hombres no lloran
  • Siempre fracaso en todo lo que hago
  • Soy lo que hago (Solo valgo por lo que hago)
  • Todas las personas mienten
  • Si me muestro vulnerable, parezco débil y se aprovechan de mi
  • No quiero brillar para no molestar a los demás
  • Estoy muy vieja(o) o muy Jóven para …

Estas frases son solo algunos pocos ejemplos de las creencias con las que me encuentro todos los días con los clientes con los que trabajo en sesiones de coaching e incluso creencias que he identificado en mi misma. Todas ellas son los lentes que nos ponemos para ver nuestra propia realidad. El problema, es que cuando la creencia me muestra el mundo, es muy difícil creer en un mundo diferente y si no puedo identificar mis creencias no las puedo cuestionar, y si no las puedo cuestionar, no las puedo cambiar.

Cuando una creencia me dice que yo debería ser o hacer algo y esto no pasa en la realidad, me genera culpa y frustración, porque debería estar siendo o haciendo eso que no soy.

Por ejemplo, si yo creo que a los 30 años debería tener una carrera universitaria y un postgrado, pero resulta que a los 30 años solo tengo una carrera universitaria, me siento mal, porque mi creencia me dice que debería tener un postgrado y no lo tengo… Pero entonces, si en algún momento llego a tener ese postgrado, ¿Me voy a sentir bien en ese momento?

Probablemente si, pero… solo de manera temporal, porque esta creencia evolucionará y se verá como “ahora tienes que tener un doctorado”.

¿Por qué pasa esto?

Porque cuando las creencias no son cuestionadas y sobretodo cuando no son mías sino que han venido infundadas de mi familia y de mi entorno siempre me llevan al mismo lugar: el lugar de “lo estoy haciendo mal”.

¿Cómo se forman las creencias?

Para explicarlo de una manera que resulte más simple, podríamos hacer una analogía con una casa:

Cuando somos niños, vivimos en la casa de nuestros padres, y esa casa esta decorada según el gusto de nuestros padres. Durante un tiempo habitamos esta casa… Hasta que nos hacemos mayores y empezamos a preguntarnos si nos gusta la decoración que tiene esta casa, los muebles, etc ó si en realidad, nos gustaría decorar nuestra casa de una manera diferente. Cuando empezamos a cuestionarlo, probablemente empezamos a reemplazar algunos muebles, y a re-organizar los espacios, según encajan más con nuestro gusto.

Pues bien, lo mismo pasa con las creencias, el primer paso, es empezar a identificar cuáles son las creencias con las que estamos cargando y empezar a cuestionar si en este momento de nuestra vida son útiles, nos gustan, son coherentes con lo que somos, si nos empoderan, si nos posibilitan las condiciones para llegar a donde queremos llegar. Esto se hace poniéndole un signo de interrogación a cada una de ellas y de esa manera, empezamos a eliminar, reformular y conservar las creencias que queremos tener en nuestra vida.

Así, vamos limpiando la casa que hemos heredado y nos encontramos con una fase en la que probablemente no tenemos 100% claro lo que queremos, pero lo que si tenemos claro es lo que no queremos, es un momento de transición e incertidumbre seguramente y en el que tendremos que comenzar a recopilar evidencias para crear estas nuevas reglas que van a ser las guías internas de nuestra vida.

Una vez vamos eligiendo aquellas creencias con las que queremos transitar a lo largo de la vida, que muy seguramente cada cierto tiempo tenga sentido evaluar si siguen siendo vigentes o si por el contrario ya han expirado; en ese punto, vamos entrando a lo que se conoce como “Madurez” pues ya hemos asumido la responsabilidad de construir nuestro propio mundo, nuestra propia realidad, nuestro propio hogar de creencias.

Para ser “maduros emocionalmente” es necesario habitar nuestro propio mundo y elegir por nosotros mismos los lentes que queremos ponernos para ver el mundo. Y es justamente allí, en donde ya las cosas que nos pasan no nos pasan porque sí o porque el mundo conspira y por que somos víctimas de las circunstancias, sino, que como adultos, empezamos a tomar nuestras propias decisiones en función de lo que realmente es bueno o queremos para nosotros. Es por esto que es tan importante cuestionar nuestras propias creencias y empezar a definir nuestro propio camino, lo que queremos, y lo que significa “éxito” para cada uno de nosotros.

Ahora… ¿Cómo podemos empezar a cuestionar nuestras creencias?

  1. Hacer consientes las creencias que tenemos; podemos empezar por escribir todas aquellas leyes que rigen nuestras vidas, como por ejemplo; “No soy suficientemente buena para ese trabajo” , “Siempre vas a fracasar” …. De todas aquellas “reglas que identifiques” puedes seleccionar en principio la que más te moleste.
  2. Esa regla o creencia que identifiques, le pones un signo de interrogación al final de la frase, por ejemplo ¿No soy suficientemente buena para ese trabajo? Y luego vas a pensar en hechos concretos de tu carrera que te demuestren o que refuten esa pregunta; de nuevo HECHOS CONCRETOS, y empieza a constatar esta creencia con la realidad, la cuestiono.
  3. Elegir cuales son las creencias con las que te quiero quedar y cuales vas a desechar o a modificar.
  4. Armar tu propio catálogo de creencias, en las que vas poniendo cada una de las creencias que quieres para tu vida. Deben responder a la pregunta ¿Cuáles son las creencias que yo quiero que rijan mi vida? ¿Qué quiero creer de mi? ¿Qué quiero creer del mundo?

Para quienes no saben en que consiste el coaching, en gran medida consiste en identificar, desarmar y reemplazar antiguas creencias que en algún punto de la vida comienzan a limitarnos, a imposibilitarnos estar en el lugar en el que queremos estar, para luego reemplazarlas por nuevas creencias que nos permitan ver el mundo desde unas gafas nuevas, mucho más adecuadas para esa versión que queremos de nosotros y de nuestro mundo.

Si crees que estás en un punto muerto, en donde se te dificulta avanzar o en el que no entiendes porque siempre obtienes los mismos resultados y estos resultados no son satisfactorios, escríbeme!

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